No, no es que odie las bebidas. Odio que haya gente que piense que es súper avergorzante no pedir una coca cola o una cerveza en un bar.
Ahora yo, que no me gusta ninguna de las dos cosas, pero tengo una sed increíble, llego a un bar y pido una botella de agua. Todos tienen que mirarme mal porque soy la única sin cerveza. Está claro que quieren quemarme en una hoguera cual bruja.
De hecho, el otro día estaba en una mesa llena de cerveceros, pedí un agua (quería una pequeña, que pasara desapercibida, no una de dos litros, gracias camarera), y al rato vino un tío, que no conocía de nada pero que estaba en otra mesa, a decir "¿¿¡¿¡¿Pero quien ha pedido agua ?!?!?!?" Y claro, todos los de la mesa se avergonzaron y quisieron que no hubiera nacido. Claramente enseguida dijeron quién era la culpable, no fuera que los echaran del bar a ellos, que estaban bebiendo una cerveza tal como marcan las convenciones sociales.
Sois libres de dejar de leer el blog ahora que sabéis que no me gusta la cerveza, pero que sepáis que a veces pido fanta de naranja. Aunque sea solo por quedar bien.


3 comentarios:
Si te consuela, yo no bebo nunca alcohol y tomo coca colas y fantas de limón... La rarita del grupo.
La sociedad nos maltrata...
pues yo soy cervecera... y me parece estupendo que pidas agua! ^^
Publicar un comentario en la entrada